Hay días que despierto con enojo,
la vida me parece un sinsentido,
arcoíris que está descolorido,
patético y sombrío trampantojo.
Acecho desconfiada y de reojo,
pasos ficticios suenan en mi oído,
me siento débil, próxima al vahído,
falta de valentía y sin arrojo.
La sombra que me sigue es alargada
se cierne sobre mí como un presagio,
me susurra que cerca está el naufragio:
me engullirá el vacío de la nada.
Que ya no hay solución ni escapatoria
y que así acabará mi triste historia.
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